¿Sabéis de dónde viene el origen del mítico sombrerero loco? ¿Y del proceso que hay detrás de la fabricación de un sombrero? ¿Sabías que en Barcelona tenemos una sombrerería de quinta generación que sigue al pié del cañón? Si todo te suena a chino y te flipan los sombreros… ¡Atentos!

Hace unas semanas fui a la sombrerería Mil de Barcelona a uno de los cursos que impartía Núria Arnau. Ella son las manos que hay detrás de esta mítica tienda de la ciudad, junto a su marino e hijos, quinta generación desde 1856.

En una preciosa tienda y un espectacular taller (tenéis que ir a verlo porque son un autentico espectáculo para la vista) llevan años vistiendo las cabecillas de los barceloneses con las mejores marcas de sombreros y con dos marcas propias: Mil y Núria Arnau.

Resulta que desde septiembre del 2018 decidieron abrir el taller al público para dar un plus de valor a su producto, y es el de enseñar su trabajo abiertamente al público. Como nos comentó Núria durante el taller, lo que buscaban con este nuevo espacio era alejarse del secretismo que impera en este sector y visibilizar este complemento al igual que culturizar al público. Cuando alguien conoce el trabajo que hay detrás de una pieza de artesanía, entiende el valor monetario y artístico que tiene.

Y ahí estaba yo un sábado de buena mañana en el taller, muriendo de emoción porque iba a descubrir cómo se hacia un sombrero desde cero y teniendo la posibilidad de llevarlo a cabo con mis manos. Toda una experiencia DIY.

La recepción no pudo ser mejor, una mesa llena de desayuno, un espacio preparado para crear y un gatete la mar de majo rondando a nuestro alrededor.

El equipo de Mil preparó un kit para cada participante (fuimos tres chicas las que asistimos, así que fue casi una clase personalizada). Constaba de un delantal, un kit básico de costura y una base prima. Podíamos decidir si hacer un sombrero de invierno o de verano. Dependiendo del escogido, la base sería de fieltro o de fibra natural. Una vez escogido y seleccionado la forma que deseamos, nos pusimos manos a la obra.

La verdad que la mejor forma de entender el proceso es verlo en primera persona, pero se podría resumir en lo siguiente:

Lo primerísimo de todo es saber la talla que tenemos, para eso, sencillamente nos tenemos que medir el cráneo con una cinta métrica pasando por la mitad de la frente. Esto nos servirá para saber que molde tenemos que coger, ya que tendremos que utilizar el de nuestra talla, sino el sombrero podría no sentar bien. Ya con este simple paso te das cuenta de la inversión que hay detrás, la teoría nos diría que de cada modelo de copa necesitaríamos tener todas las tallas para poder abarcar a todo el público. Toda una burrada.

Para empezar a modelar tenemos que ablandar la base con agua en el caso de las fibras naturales, y con vapor para el fieltro, tenemos que ir estirando el material sobre el molde para acoplar las fibras a la perfección con la parte superior del molde. Una vez encajado, se fija con chinchetas para empezar a trabajar el ala.

Al igual que la copa, de alas hay una variedad enorme, y en mi caso decidí que la quería totalmente plana.

Mojando las fibras y planchando, fui creando la forma del ala. Una vez plana, colocamos un producto para fijar la forma y darle rigidez.

Para acabar lo que sería el sombrero en sí, colocamos un alambre en todo el borde del ala para darle el plus de rigidez. Ahora solo quedaría decorarlo.

Opté por superponer dos tiras, una de grosgain en color azulón, y otra más estrecha en color plata.

La verdad, en las horas que representaba que iba a durar el curso, a mi no me dio tiempo a acabarlo, pero en todo momento me ofrecieron quedarme hasta el cierre del local al público y la posibilidad de ir cualquier otro día a finalizarlo allí con ellos. Son todo un encanto.

Así, que me fui para casita, con mi sombrero al que faltaba coser la cinta, y habiendo pasado todo un día (con comida casera incluida con todo el staff del equipo) genial y muy enriquecedor.

Y de verdad, si tenéis la posibilidad de visitarles, hacedlo, ¡os encantará!

Aaaah! Y por último… ¿El mítico personaje del sombrerero loco? Muy fácil. Antiguamente el fieltro se creaba manualmente con sulfuros y mercurio, productos que tocaban y respiraban directamente los trabajadores. Consecuencia de ello, les desaparecía las yemas de los dedos y sencillamente, se les iba un poco la olla.

Y si queréis ver el resultado de mi sombrero, pasaros por mi insta, allí os colgaré el resultado 😉